Te imaginé pequeña, reposando calmada sobre mi pecho. Imaginé tu naricita, tu color de piel, tus ojos. Imaginé que te llevaba dentro unos meses y luego toda la vida al lado. Imaginé que me ibas a querer, que iba a jugar contigo, que nunca un abrazo te iba a faltar. Tu calor ya estaba en mi cuerpo, el ruidito feliz de tu risa en mi cabeza.
Imaginé quién pudiera ser tu padre. Imaginé que era él y aunque no me gustara en el resto de cosas, como tu padre, supongo que me gustó. Imaginé que eras fruto del amor y casi lo eres de la desesperación.
Ahora lo más que puedo decir de ti es que te extraño. Extraño tenerte como ilusión. La realidad me impulsa a pensar que quizá nunca pueda tenerte, que probablemente no crecerás dentro de mí. Y es ahora cuando más te necesito, Candela, la idea de tenerte es la que me hace más falta. Me duele que no vaya a ser así, que tenga que volver a imaginarte diferente, con otros rasgos, con otra piel, con otra vida y probablemente sin mí. La vida me apartó de tu camino y quiero volver a ti, nena, quiero volver.
Quiero sentir que tú eres posible y que soy yo quien lleva uno de sus sueños a la realidad.
Sólo es tu ausencia la que me desgarra el alma cuando pienso en ti.
Sin embargo, gracias por haber existido aunque fuera en un sueño.
